lunes, 30 de noviembre de 2009

Surrealismo Literario

SURREALISMO LITERARIO
Es un movimiento principalmente literario que surgió en Francia a partir del Dadaísmo en la década de los años 1920, siendo su iniciador, por así decirlo, André Breton. “Buscaba descubrir una verdad, con escrituras automáticas, sin correcciones racionales, utilizando imágenes para expresar sus emociones, pero que nunca seguían un razonamiento lógico.” (“Enciclopedia Encarta: Literatura” 2007)
  • “El surrealismo se caracterizó por interpretación de la realidad desde el sueño, el inconsciente, la magia y la irracionalidad Conjunción de imágenes dispares (reales o irreales), tanto en el tiempo como en el espacio.”
  • “Los objetos y formas sin su significación tradicional (principio de la "desorientación"), el observador queda desorientado.”
  • “Creación de imágenes equívocas de manera que una misma cosa puede ser interpretada de varias maneras (principio de la "discordancia”).”
  • “Da importancia a lo paradójico, lo absurdo, la caducidad, la destrucción y lo misterioso.”
  • “Además de lo onírico, representación de toda clase de simbologías, especialmente eróticas y sexuales. Todo aquello estaba en contra de la moral, la tradición y la cultura burguesa.”
(Correa Pérez, Alicia y Orozco Torre, Arturo. 1994, p.399-402)

EXPONENTES:

  • Paul Eduard
  • Bejamin Peret
  • Robert Desnos
  • Luis Aragon

FRAGMENTO: MANIFIESTOS DEL SURREALISMO

anta fe se tiene en la vida, en la vida en su aspecto más precario, en la vida real, naturalmente, que la fe acaba por desaparecer. El hombre, soñador sin remedio, al sentirse de día en día más descontento de su sino, examina con dolor los objetos que le han enseñado a utilizar, y que ha obtenido al través de su indiferencia o de su interés, casi siempre al través de su interés, ya que ha consentido someterse al trabajo o, por lo menos no se ha negado a aprovechar las oportunidades... ¡Lo que él llama oportunidades! Cuando llega a este momento, el hombre es profundamente modesto: sabe cómo son las mujeres que ha poseído, sabe cómo fueron las risibles aventuras que emprendió, la riqueza y la pobreza nada le importan, y en este aspecto el hombre vuelve a ser como un niño recién nacido; y en cuanto se refiere a la aprobación de su conciencia moral, reconozco que el hombre puede prescindir de ella sin grandes dificultades. Si le queda un poco de lucidez, no tiene más remedio que dirigir la vista hacia atrás, hacia su infancia que siempre le parecerá maravillosa, por mucho que los cuidados de sus educadores la hayan destrozado. En la infancia la ausencia de toda norma conocida ofrece al hombre la perspectiva de múltiples vidas vividas al mismo tiempo; el hombre hace suya esta ilusión; sólo le interesa la facilidad momentánea, extremada, que todas las cosas ofrecen. [...]

(Breton, André. 1924)

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